23 enero 2010
Asistimos a la beatificación del doctor Josep Samsó en la basílica Santa María de Mataró donde él había sido rector
A las 11:30 de la mañana del día 1 de septiembre de 1936, el doctor Josep Samsó entregaba su vida por amor como mártir de Jesús. A las 11:30 de la mañana del pasado 23 de enero, se ponía de manifiesto la Palabra de Jesús: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto”. La basílica de Santa María, de donde él había sido rector durante 17 años,  era testigo de la beatificación de su pastor. ¡Cuánta emoción al  descubrir esa mirada, reflejada en la imagen del nuevo beato, llena de amor, de acogida, de ternura hacia su pueblo; la porción que el Señor le había encomendado!
Fue una experiencia inolvidable el sentirnos congregados en torno a nuestros pastores para celebrar al Señor que se manifiesta en sus santos. Nos quedamos con  las palabras del  arzobispo Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos y enviado por orden del Papa desde el Vaticano. Sobre el Dr. Samsó, destacó que «no lo mataron porque se hubiera manchado de delitos, sino sencillamente porque era sacerdote, porque creía en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque rezaba, porque proclamaba el Evangelio de Jesús, porque enseñaba la bondad y la verdad al pueblo de Dios, sobre todo a los jóvenes».
Desde aquí queremos bendecir al Señor porque nos ha concedido la gracia ser testigos  este gran acontecimiento:
Jesús, a lo largo de estas dos semanas, nos hemos acercado a la vida del doctor Samsó. Ahora ya conocemos quién fue.
Gracias por su capacidad de darse a todos: niños, jóvenes, matrimonios, indigentes, enfermos.
Gracias por su creatividad que le llevó a adelantarse a su tiempo en muchos aspectos. El amor es ingenioso.
Gracias por su fidelidad a su vocación sacerdotal que le llevó hasta entregar la vida como Tú, Jesús. El buen pastor da la vida por sus ovejas.
Gracias por su capacidad de crear lazos de unión y fraternidad.
Gracias por el perdón ofrecido a los enemigos. El amor todo lo disculpa.
Gracias, Jesús. Sabemos que desde el cielo, contamos con un intercesor más.
El doctor Samsó nos cuida y extiende sus manos de ternura como lo hiciera en aquel tiempo con la gente de nuestra ciudad.