19 diciembre 2009
El sábado 23 de enero, viviremos en Mataró un gran acontecimiento: la beatificación del Dr. Samsó
Durante 17 años fue párroco de la basílica de Santa María de nuestra ciudad. Su vida fue hacer realidad las palabras de Jesús: «Yo soy el Buen Pastor; el buen pastor da la vida por las ovejas».
Os dejamos con las palabras de nuestros pastores y con una breve reseña de la vida de este gran sacerdote que tanto tiene que decirnos en estos comienzos del siglo XXI. [Leer reseña...]
 
CARTA DE LOS OBISPOS DE LA PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE BARCELONA
Beatificación del Dr. Josep Samsó i Elias,
presbítero y mártir, rector de Santa María de Mataró
 
Queridos diocesanos:
Nos complace mucho anunciar con gozo que la Beatificación del reverendo doctor Josep Samsó i Elias, se celebrará el 23 de enero de 2010, en la Basílica de Santa María, de Mataró, de la cual fue rector. Será la primera celebración de una beatificación que se hará en la archidiócesis de Barcelona siguiendo las disposiciones del Papa Benedicto XVI.
El doctor Samsó entregó de forma cruenta su vida por Cristo en el año 1936 en Mataró. La beatificación de un sacerdote miembro del presbiterio de la diócesis de Barcelona, que en aquellos tiempos incluía las actuales diócesis de Sant Feliu de Llobregat y de Terrassa, es un acontecimiento sobre todo espiritual y todos estamos llamados a vivirlo con acción de gracias a Dios y como una invitación a imitar hoy las virtudes, el apostolado y el testimonio de fe -llevado hasta la cima del martirio- que nos ha dejado este santo sacerdote.
Josep Samsó i Elias nació en Castellbisbal, en la comarca del Baix Llobregat, el 17 de enero de 1887. Era el hijo mayor -al que siguió su hermana Montserrat- del matrimonio formado por Jaume Samsó Olivilla, de Olesa de Bonesvalls, y por Josefa Elias Puig, natural de Castellbisbal. Al quedar viuda, la madre del siervo de Dios se trasladó a Rubí y después residió en Barcelona.
Como fruto de la buena educación cristiana que recibió en la familia, Josep estudió en el Seminario de Barcelona. Entró en el año 1900. Su conducta fue ejemplar así como su dedicación a los estudios. Por esta razón, sus superiores le pidieron que se graduara en teología en la Pontificia Universidad de Tarragona. En 1909 el obispo de Barcelona Josep Laguarda lo tomó como familiar o secretario particular. Recibió la orden del presbiterado el 12 de marzo de 1910. Primero fue nombrado vicario coadjutor de la parroquia de Sant Julià de Argentona. Ya desde el comienzo de su ministerio se dedicó a la catequesis, por la que se sentía especialmente vocacionado. También se distinguió en el ministerio de la administración del sacramento de la Penitencia, en la dirección espiritual y en el fomento de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
El día 11 de enero de 1917 fue nombrado como rector de la parroquia rural de Sant Joan de Mediona, en la comarca del Alt Penedès. En 1919 fue nombrado ecónomo de esta parroquia.
Al quedar vacante la parroquia de Santa María de Mataró, por la muerte del párroco arcipreste, el año 1923 fue designado rector de la misma nuestro sacerdote, conociendo muy bien su obispo su celo apostólico.
Encarcelado por su condición de sacerdote al producirse el estallido de la guerra civil y la persecución contra la Iglesia, el doctor Samsó durante el mes que estuvo detenido dejó un recuerdo imborrable entre los compañeros de prisión. Su cautiverio terminó con su asesinato en el cementerio de Mataró el día 1 de septiembre de 1936.
La noticia de su muerte causó un gran impacto entre los fieles, y fueron muchos los que, desde entonces, comenzaron a invocarlo y a encomendarse a él. El deseo de promover su beatificación estaba bien presente desde el tiempo de su propia inmolación, especialmente en la ciudad de Mataró.
Nuestro doctor Samsó también fue un modelo de sacerdote entregado totalmente al ministerio de párroco. Era afable y bondadoso. Era severo consigo mismo, por temperamento y por virtud, pero comprensivo con los demás y dotado de las cualidades de gobierno para regir las comunidades que le fueron encomendadas. Destacó en el ministerio de la caridad y de la catequesis, de modo que el obispo Manuel Irurita dijo: "El doctor Samsó es el primer catequista de la diócesis". Su obra más conocida en este sentido es la Guía para catequistas, preparada ya en marzo de 1936, pero que no fue publicada hasta 1940.
El que fue arzobispo de Barcelona, doctor Gregorio Modrego, escribió: "No tuve el honor de conocer personalmente el reverendo Josep Samsó Elias (...), pero fueron tales las noticias que unánimemente me dieron de él, que me formé un alto concepto del celo con que emprendía todas las obras de apostolado, no siendo ciertamente la última la enseñanza de la doctrina cristiana, que dejó una profunda huella entre sus queridos mataroneses. Sus escritos son una buena demostración de su celo catequético así como de su competencia".
La beatificación de este sacerdote tan ejemplar de nuestra archidiócesis es una bendición de Dios y ofrece un nuevo impulso para la tarea de evangelización a la que, pese a las dificultades presentes, estamos llamados a realizar como cristianos y como miembros de la Iglesia. Y aún más si participamos del sacerdocio ministerial.
La beatificación del doctor Samsó debe ser un hecho relevante de la celebración del Año Sacerdotal proclamado por Benedicto XVI con motivo del 150 aniversario de la muerte de Sant Joan María Vianney, el famoso cura de Ars. Tanto Sant Joan María Vianney como el doctor Samsó fueron rectores de comunidades cristianas, rectores llenos de celo para llevar el amor de Dios hacia los hombres y los hombres hacia la aceptación de la misericordia de Dios. Ambos fueron unos evangelizadores fieles, en obras y palabras, llenos de celo y caridad. Y ambos nos invitan a entregarnos a la obra de la evangelización.
Los mártires siempre son nuestros modelos en el camino de la fe. La suprema lección de su vida la dio el doctor Samsó al ofrecer serenamente su vida por Cristo y muriendo con palabras de perdón para sus ejecutores.
Pedimos a Dios que su glorificación redunde en frutos de vida cristiana en nuestras diócesis y en frutos de imitación de las virtudes personales y apostólicas de las que él nos dio un tan alto ejemplo. De manera especial, nos parece que el perdón con el que murió nos pide ser siempre, y especialmente en las actuales circunstancias de nuestro país, promotores de ese espíritu de perdón y de reconciliación que siempre ha caracterizado a los mejores seguidores de Jesucristo.
Para poder convertir en realidad este deseo, desde ahora debemos orar y esforzarnos, cada uno desde sus propias responsabilidades en la Iglesia y en nuestra sociedad. Concluimos esta carta encomendando a nuestro Señor Jesucristo y a su Madre Santa María la consecución de estos objetivos. Con nuestra bendición y nuestra afectuoso saludo,
Barcelona, 22 de noviembre de 2009, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.
+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal Arzobispo de Barcelona
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
+ Agustín Cortés Soriano
Obispo de Sant Feliu de Llobregat



+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo Auxiliar de Barcelona
BREVES APUNTES DE LA VIDA DEL DOCTOR JOSEP SAMSÓ I ELIAS, SACERDOTE
 
Nace en Castellbisbal. El Dr. Josep Samsó i Elias nació en Castellbisbal, en el Vallès Occidental, diócesis de Barcelona, el día 17 de enero de 1887. Sus padres eran Jaume Samsó y Olivella, farmacéutico, y Josefa Elias i Puig. Tenía una hermana menor llamada Montserrat. Fue bautizado y recibió la confirmación en la parroquia de Sant Vicenç de Castellbisbal
Se traslada a Rubí. Al morir su padre en 1894, la familia se trasladó a Rubí, donde estudió en la escuela de los Hermanos Maristas. A los diez años se inició en el estudio del latín, en clases particulares, ya que mostraba la vocación de ser sacerdote. Sus primeros maestros fueron Jaime Fonollà y, posteriormente, Joaquim Cañís, ambos vicarios de Rubí. Aprobó los primeros cursos de latín en el Seminario de Barcelona.
Seminarista. En 1900 la familia se trasladó a Barcelona, al barrio de Sarrià. Estudió en el Seminario Conciliar de Barcelona y terminó sus estudios en la Pontificia Universidad de Tarragona, donde se graduó en Teología.
En octubre de 1909, el obispo de Barcelona Dr. Laguardia pidió al Seminario que le designaran un seminarista para tenerlo en condición de familiar o secretario particular. Josep Sansón fue el designado, ya que todavía era demasiado joven para ser ordenado.
Ordenado como sacerdote. El 12 de marzo de 1910 fue ordenado sacerdote y celebró su primera misa el día de San José.
Vicario de Sant Julià de Argentona. El 23 de julio de 1910 fue nombrado vicario coadjutor de la parroquia de Sant Julià de Argentona, en el Maresme, donde colaboró durante 7 años. Ya entonces se distinguió por las preocupaciones que caracterizarán toda su acción pastoral. La actividad catequética, tanto en la parroquia como trabajando con grupos de padres, maestros, niños y jóvenes. La dirección espiritual, fomentando una gran cantidad de vocaciones sacerdotales y religiosas. Fundó el Patronato de San Isidro para la diversión de los hombres en los días de fiesta y trabajó en la creación de un inicio de caja de ahorros. Participó en la compra de un campo de deportes para que los niños y los jóvenes pudieran jugar. También creó una asociación en un colegio de religiosas para la formación y esparcimiento de niños y niñas.
Rector de Sant Joan de Mediona. En enero de 1917 tomó posesión como rector de la parroquia de Sant Joan de Mediona, en el Alt Penedès. Lo fue durante dos años y mostró sus capacidades y celo en la formación en la catequesis. Su dirección espiritual consiguió que una persona siguiera la vocación sacerdotal, lo que no había pasado desde hacía mucho tiempo.
Ecónomo-Arcipreste de Santa María Mataró. El 30 de agosto de 1919 se trasladó a Mataró, en el Maresme, a la parroquia de Santa María. En enero de 1924 ganó unas oposiciones que le llevaron a ser el Rector de la parroquia durante diecisiete años, hasta su muerte.
La catequesis. Su actividad en la catequesis le llevó a disponer de un buen número de catequistas y organizó cursos de formación para que la catequesis se adecuara a la mentalidad de los niños. De esta actividad el Canónigo Penitenciario de Barcelona, el Dr. Cebrià Montserrat decía: "El Dr. Samsó, además de tener unas dotes excepcionales, es un sacerdote de intensa vida interior, de oración frecuente y una persona de profunda reflexión".
Guía para Catequistas. Su actividad en la catequesis le llevó a publicar el libro Guía para catequistas y directores de catequesis (1936) y una instrucción para preparar a los niños para la confesión.
Juventud. Su perseverancia en el apostolado para jóvenes la concretó especialmente en la Congregación Mariana, con frecuentes sermones y favoreciendo la práctica de ejercicios espirituales.
Director espiritual. Una de las actividades más valoradas fue la dirección espiritual de muchas personas, fomentando muchas vocaciones tanto al sacerdocio como a la vida religiosa.
Hombre al que gustan las cosas bien hechas. Implantó la puntualidad en el horario de las misas, de la administración de la comunión y de las confesiones. Era un hombre serio y buscaba la perfección en los actos litúrgicos para alcanzar su máximo esplendor del culto. Trabajó intensamente en la decoración interior de la iglesia de Santa María, que en 1928 fue distinguida con el título de Basílica Menor.
Los hechos del 6 de octubre de 1934. En la mañana del 6 de octubre de 1934, un grupo de hombres armados entró en la rectoría de Santa María, amenazando al rector y a la gente que estaba con él, les obligaron a ir a la nave central y apilar sillas, y le ordenaron al rector que las prendiera. El Dr. Samsó se negó, a pesar de las amenazas. Aquellos hombres incendiaron un altar y algunos utensilios. Cuando pudieron llegar algunos feligreses el fuego se pudo apagar. El doctor Samsó perdonó a aquellos hombres y no quiso revelar su identidad cuando fue invitado a hacerlo por la autoridad judicial.
Aceptación del martirio. Desde los hechos de 1934 y hasta los hechos de 1936, que llevaron a la detención del Dr. Samsó, este manifestó varias veces el temor y la seguridad que se acercaba una persecución de sangre. El peligro para él y su condición de sacerdote y rector le llevó a aceptar generosamente la posibilidad del martirio, con una actitud de esperanza.
Del 19 al 30 de julio de 1936. El día 19 de julio, a las tres de la madrugada, unos policías registraron la casa rectoral de Santa María con la excusa de buscar armas. El Dr. Samsó les dijo que podían hacerlo ya que él siempre había defendido la iglesia con todos los medios excepto con las armas, ya que Jesucristo defendió.
Aquella noche, aconsejado por su hermana, el Dr. Samsó abandonó la rectoría. Antes de hacerlo hizo exposición del Santísimo con la presencia de los vicarios y dijo unas breves palabras haciendo referencia a los acontecimientos que se estaban viviendo. Se organizó una procesión para llevar al Santísimo a la cripta de la capilla de los Dolores, escondiéndolo para que no pudiera ser profanado.
A las diez y media de la noche del 19 de julio, se alojó en la casa de la familia del Sr. Joaquim Ximenes y la Sra. Teresa Cuadrada, situada en el Carreró. Al entrar dijo: "Dios sobre todo" e inició el rezo del rosario. Los días siguientes se ocupó de preservar las reliquias, los ornamentos litúrgicos, etc.
Allí se enteró de los diferentes incendios que había en conventos e iglesias, y decía: "El Señor nos lo ha dado, el Señor nos lo quita. Hágase su voluntad". Hacía muy a menudo una oración, al no poder celebrar la misa en la casa donde estaba hospedado.
Cogen al Dr. Samsó. La madrugada del 30 de julio de 1936, consideró que era prudente hacer un cambio de casa e ir a Barcelona. Salió de la casa donde estaba y se dirigió a la estación del tren, seguido por el Sr. Ximenes. Al llegar a la estación fue reconocido por una mujer quien lo denunció a los milicianos. Cuando le pidieron que se identificara, les dijo: "Soy yo a quien buscáis". Conducido por hombres armados fue llevado a la prisión de Mataró.
La prisión. En la cárcel, y con la meticulosidad que le caracterizaba, siguió un horario estricto que le permitiera leer el breviario, hacer meditación, organizar turnos para rezar el rosario de manera que los guardias no se dieran cuenta. Aprovechó su estancia en prisión para confesar a algunos de los otros detenidos, convirtiéndose en catequista y apóstol para todos, mostrándose siempre amable y con ánimos. Participó en todo tipo de trabajo dentro de la prisión y repartía entre los presos las cosas que le llevaban los que lo visitaban. Cada día se despedía con la bendición para todos los compañeros y con un: "Hasta mañana, si Dios lo quiere". En alguna ocasión recibió la comunión y se confesó el día antes de su muerte con el escolapio P. Sirés.
Su muerte. El primero de septiembre, a las once de la mañana, los guardias llamaron al Dr. Samsó. El motivo era que la columna de milicianos había pedido que, antes de salir hacia el frente, muriera el rector de Santa Maria.
Se despidió de los compañeros de prisión con su: "Dios sobre todo" y, con las manos atadas, fue trasladado al cementerio de Mataró. Subió las largas escaleras que llevan a la explanada, donde se había decidido matarlo.
Al llegar pidió que le desataran y quiso abrazar a los que lo iban a matarlo. Les dijo que los perdonaba como Jesús lo había hecho a los que lo clavaron en la cruz. Cuando intentaron taparle los ojos pidió que no lo hicieran, ya que quería morir mirando a la ciudad donde tenía a los feligreses que tanto amaba. Puso los brazos en cruz y dijo: "Ya pueden disparar". De las tres personas que tenían arma, sólo una disparó lo acertó el disparo. Una vez en tierra recibió el tiro de gracia.
Ese mismo día se comunicó la muerte del Dr. Samsó desde el balcón del ayuntamiento. Los testigos de aquel hecho lo recuerdan perfectamente.
El entierro. Fue enterrado en el mismo cementerio. El 23 de octubre de 1944, sus restos fueron trasladados a la Basílica de Santa María, en un acto solemne presidido por el obispo de Barcelona.
Síntesis. La fama de santidad del Dr. Samsó se consolidó y aumentó después de su muerte, por su firme y fiel vocación sacerdotal; su observancia de los deberes de rector; el celo y la inteligencia de sus palabras, el culto, la dirección espiritual, la confesión, la visita a los enfermos y su piedad a María; el perdón a sus enemigos y su voluntad de ofrecer la vida por sus feligreses si era imprescindible. En su esquela decía: "Sacerdote ejemplar, Apóstol de los niños, Guía de la juventud, Maestro de vocaciones, Padre de los pobres, Dedicado a la casa de Dios. Dio la vida por sus ovejas el uno de septiembre de 1936…".