Hermana Cony Elizabeth
«Soy un lápiz en
las manos del Señor»
Mi nombre es Cony Elizabeth, soy de Nicaragua y quiero compartir con ustedes un poco sobre la maravillosa llamada que el Señor me ha hecho.
Mi vida era de lo más normal, salía con mis amigos, estudiaba,... los jueves y los domingos iba a Misa pero no estaba integrada en ningún grupo. Con mis padres todo iba muy bien, siempre me han apoyado en todo y ellos al igual que yo, pensaban que después de terminar la secundaria, vendría lo típico: hacer una carrera universitaria y formar una familia aunque esto no era algo primordial para mí pero, como «nuestros planes no son los de Dios...», Él se encargó de cambiar el rumbo de mi vida.
Ahora estoy segura de que nada pasa por casualidad. Un domingo en mi parroquia invitaron para una peregrinación a un sitio llamado «el cielo» yo fui sólo por ir a conocer el lugar, más Dios me tenía algo preparado, en esa peregrinación me encontré a dos hermanas, para mí era como ver a dos ángeles y yo sentía que mi corazón latía cada vez más fuerte pero pensé que sólo era por el gusto de verlas ahí, pensé que después se pasaría, claro, yo no contaba con que ellas se quedarían en mi pueblo, Ticuantepe.
Poco a poco, me fui relacionando cada vez más con ellas, entré en el movimiento Paz y Bien y me encantaba estar en el «convento», mi familia y amigos me decían una y otra vez que yo me iba a hacer religiosa pero yo decía que no, más sentía en mí la voz de Dios que decía «mira que estoy a tu puerta y llamo».
Un día, la hermana que llevaba el grupo me dijo «tú tienes vocación, ¿has pensado en ser religiosa?» yo no le contesté nada.
Se acercaba la primera convivencia vocacional y asistí, durante toda la convivencia me decía: ¿será que el Señor me quiere religiosa? Además esta convivencia se titulaba, «Dios tiene un plan para ti» y yo me decía: ¿Cuál será el plan que Dios tiene para mí?
Sé que en Cristo, Dios nos eligió antes de crear el mundo y mi oración era: «Señor ¿qué quieres de mí?» Como los caminos de Dios no son fáciles, vinieron las dificultades, me retiré del grupo y continué mi vida como si nada hubiera pasado pero en mi corazón siempre estaba la inquietud, luego comprendí que el Señor me estaba fortaleciendo porque lo que seguía todavía, era un poco más difícil. Una vez, por casualidad, la hermana encargada de las vocaciones, me llamó por teléfono para pedirme que le ayudara a recoger un «altar», yo sin saber porque, siendo que ella no me estaba diciendo nada sobre vocación, tuve miedo y me puse muy nerviosa, fui a ayudarle pero con lucha, me repetía, ¡es ahora, tienes que pedir el acompañamiento!
Así comenzó todo, diciendo como nuestra Madre, la Virgen María: ¡Hágase tu voluntad! Una frase que me ayudó en mi discernimiento vocacional fue la del Papa Juan Pablo II «¡No tengas miedo de abrirle las puertas a Cristo!» Empecé el acompañamiento y con él, una nueva etapa en mi vida, me ayudó a aclararme sobre lo que Dios quería de mí. No dejaron de venir las dificultades, miedos y dudas: ¿Y si me equivoco? ¿me quiere el Señor aquí?... Con la oración y los acontecimientos interpretados a la luz de la fe, se desvanecieron mis dudas, me sentí segura de la llamada del Señor.
Vino el momento de decírselo a mis padres creo que esta es una de las cosas que más me costó. Mi mamá y mi hermano no se lo tomaron mal, pero a mi papá no le hizo mucha gracia, aún así ellos y el resto de la familia me apoyaron.
Ahora estoy aquí, en el noviciado porque sé que el Señor me ha llamado y sé que «Él es el camino para ser recorrido, la verdad para ser proclamada y la vida para ser vivida», y, como el salmista puedo decir: «Señor, desde el vientre de mi madre, Tú me hiciste, conocías hasta el fondo de mi alma».
Doy gracias a Dios por tantas bendiciones en mi vida, por el don de la vocación, por mi familia y por todas las personas que me han ayudado en este camino y sobre todo, por haber puesto delante de mí, a la Beata Madre Carmen y a las Hermanas de la Congregación, ya sólo me queda decir «Bendito sea Dios que tanto nos quiere».
Así comenzó todo, diciendo como nuestra Madre, la Virgen María: ¡Hágase tu voluntad!
Con la oración y los acontecimientos interpretados a la luz de la fe, se desvanecieron mis dudas, me sentí segura de la llamada del Señor...