Hermana Fátima
«Tú eres todo,
sólo Tú bastas»
Hola, mi nombre es Fátima, quiero dar a conocer cómo el Señor me llamó a una vida diferente, a ser toda de El.
A la edad de siete años, nació en mí la inquietud a la vida religiosa, fue a raíz de una pregunta que me hizo mi hermana: «¿Quieres ser religiosa?» Yo respondí con gran entusiasmo: «Sí». Ella me dijo que para hacerlo tenía que dejar a mi familia y que no los volvería a ver, me entristecí porque no me imaginaba sin una familia, (en mi familia somos 10 hermanos) entonces, le dije que no, que no quería, ella se puso a reír y se fue.
Nunca más me volvió a preguntar, creo que se olvidó de ello pero a mí, no se me olvidó. Con el paso del tiempo no podía dejar de preguntarme ¿será que el Señor me pide que sea religiosa? Pero enseguida pensaba, tengo que dejar a mis padres, hermanos, a toda mi familia… creo que no podré, y trataba de no pensarlo más y mucho menos comentarlo con nadie… el sólo pensarlo me asustaba.
Cuando estaba en tercer año de secundaria (4.º de E.S.O.), pasó algo que no me lo podía creer, sentía que el Señor me llamaba a la vida religiosa pues siempre que lo pensaba me apartaba a rezar, meditar y estar mucho en Él, me llenaba de una mezcla de alegría y miedo, viendo la película de Madre Teresa de Calcuta, le dije a mi madre que sería religiosa, ella se rió y me dijo que estaba loca…
Nunca había visto una hermana de cerca sólo las había visto en la televisión, ¡en una telenovela! Un día en el aniversario de mi Colegio llegó una hermana que me llamó mucho la atención. Llegaba por primera vez a dar clases de Educación en Valores a 4.º y 5.º de Secundaria (1.º y 2.º de Bachillerato), ese día había una fiesta y no pudo dar las clases entonces el equipo de kickball la invitó a jugar y ella… aceptó. Mi curiosidad por saber de ella creció y a mi mente volvieron las preguntas que me hacía años atrás: «¿Será que el Señor me pide ser religiosa?» Y un nuevo interrogante aparecía: «¿Será que el Señor me da esta señal para que sepa que me está llamando?» no me podía contener, estaba muy nerviosa y una compañera que estaba conmigo me preguntó: «¿Qué te pasa?» Yo le respondí: «nada, sólo quisiera saber de dónde es esa hermana», ella me dijo que vivía en Ticuantepe y que no tenían mucho tiempo de haber llegado.
Mi corazón latía con más fuerza, nunca pensé que hubiera monjas en Ticuantepe y hacía un año que ellas estaban ahí y yo no me había dado cuenta. Una semana después mi hermano comenzó a llegar tarde los viernes a la casa le pregunté a qué se debía y me dijo que estaba en el grupo de Paz y Bien con las hermanas, enseguida recordé a la hermana que vi en el Colegio (ella le daba clase a él), le dije que me llevara, el me dijo que no, pero yo le insistí, me dijo que se lo diría a la hermana. Yo esperaba ansiosa la respuesta, deseaba que ya fuera viernes, por fin llegó. Mi hermano me dijo que la hermana había dicho que sí, que estaba encantada de que llegara una nueva integrante, me puse muy alegre, por fin la conocería de cerca y por fin podía conocer un convento de religiosas.
Llegó el día esperado y entre la emoción y los nervios, ya no sabía que tenía, pude entrar en el convento, sentí como si toda la vida hubiera estado ahí, una gran paz me invadió y me sentía como en casa ¡Qué bonito fue ese día!
Nos recibió la superiora de la casa y nos dejó con el grupo, mientras esperábamos a la hermana que nos daría Paz y Bien, por fin llegó, era la misma que había visto en el Colegio, esa tarde fue genial, nos la pasamos “super”, como el grupo estaba empezando, hablamos sobre el porqué estábamos ahí, nos pusimos a cantar, contamos chistes, reímos…
Me integré en el grupo, mi inquietud sobre la vida religiosa, se agrandaba más, pero no lo comentaba con nadie, en las convivencias vocacionales que hacían me identificaba con todo lo que se decía, muchas veces tuve la intención de hablar con la superiora pero el miedo y el qué dirán me lo impedían.
Mi pregunta durante todo ese tiempo era: «¿Dime, Señor, qué quieres que haga?» Un día después de asistir a Misa, un aspirante franciscano me preguntó «¿quieres ser religiosa?». Me quedé sin palabras pues minutos antes, le había pedido al Señor que me ayudara a discernir qué era lo que Él quería de mí. Lo miré y le dije: «sí» y me dijo que cuando una de las hermanas me preguntara que me lanzara y le dijera lo que sentía. Yo me reí y le dije que lo haría pero pensaba que todo era broma.
Una semana después llegué nuevamente al Convento, las hermanas me invitaron a almorzar, no quería quedarme pero al fin lo hice, después, me llamó la superiora diciéndome que quería hablar conmigo… ¡Qué miedo me dio! Me fui con ella y me preguntó: «¿Quieres ser religiosa?» me puse muy nerviosa y no sabía qué contestar, recordé lo que el aspirante me había dicho, mis nervios crecieron… ella me dijo que no me preocupara, que no le contestara en ese momento y me invitó a un retiro de aspirantes para conocer a las otras muchachas y tener un rato de oración.
Llegó el día del Retiro, estuve con las aspirantes y luego nos fuimos a la capilla a orar. Empezamos invocando al Espíritu Santo, quien dirigía la oración, pidió por mí, pues era la primera vez que asistía a un retiro, pedían al Señor que me iluminara para saber qué era lo que quería de mí. Al mencionar mi nombre sentí como un fuerte abrazo y pensé que era la respuesta que el Señor me daba. Me llamó la superiora y fui con ella y me preguntó ¿qué había decidido? Sin pensarlo le dije: «Sí» le dije que quería empezar el Aspirantado.
Puse mi pequeño sí en las manos de mi Santísima Madre para que ella me ayudara en todo, sobre todo, a permanecer fiel a mi Amado en el nuevo camino al que me había llamado.
Ahora, estoy aquí, en la casa Madre, escribiendo este testimonio, estoy feliz y deseosa de seguirlo hasta el final. Darlo todo por él es lo mejor, vale la pena entregarse y arriesgarlo, caer en el vacío, sabiendo que hay unos brazos grandes extendidos para acogerte.
El Señor os bendiga.
No podía dejar de preguntarme ¿será que el Señor me pide que sea religiosa?
Puse mi pequeño sí en las manos de mi Santísima Madre para que ella me ayudara en todo, sobre todo, a permanecer fiel a mi Amado en el nuevo camino al que me había llamado...