Hermana Yahaira
«Señor, ¿qué quieres de mí?»
Esta es mi historia vocacional
Mi nombre es Yahaira Yunieth Ramírez Ortega, actualmente tengo 21 años. Nací en la ciudad de Estelí, Nicaragua. Mis estudios de Primaria los realicé en la Escuela de Belén, de Fe y Alegría, y la Secundaria la hice en el Colegio Nuestra Señora del Rosario, centros educativos que dirigen las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones en Estelí.
Desde que tenía 9 años fui una apasionada del fútbol, y estuve en varios equipos, algunas veces mezclada entre varones u otros equipos sólo de mujeres. Mi sueño era llegar a ser una gran futbolista, y poder participar en selecciones de mayor rango. Y, así, teniendo este sueño en mente, fui creciendo y practicando, cada vez más, el fútbol.
A finales del año 2008, mientras cursaba 2.º de Secundaria, me encontraba en una situación personal muy difícil; hasta que un día se me acercó una profesora que me daba clase, me miró con cariño y me dijo que si quería ir a hablar con una Hermana para que ella me ayudase, yo con un poco de miedo, le dije que sí. Entonces, ella misma me llevó de la mano donde la Hermana (que era la encargada de la pastoral vocacional) y hablé con ella un buen rato. Cuando terminamos de hablar me sentí liberada, tranquila y en paz. Era la primera vez que conversaba con una Hermana tanto tiempo, pues, las religiosas me daban mucho respeto desde pequeña. Después de esta conversación, fue creciendo en mí, poco a poco, la confianza y la amistad hacia ella y hacia las demás Hermanas de la comunidad de Estelí. Y sobre todo, comprobé que mi relación con el Señor fue mejorando, pues comencé a asistir con más frecuencia a los Sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia.
En diciembre de ese mismo año, ya a punto de acabar el curso, le dije a la misma profesora, si le podría ayudar en algo en el tiempo de vacaciones. Ella me dijo que a ella no le podría ayudar pero a las Hermanas sí, y nuevamente me llevó donde la Hermana, que me dijo que necesitaban ayuda para preparar unos paquetes que se hacen para los presos, al finalizar el año, para celebrar la “Purísima” (celebración que hacemos en Nicaragua por la Inmaculada Concepción, donde se reza el Rosario y se reparten dulces...). Yo, con mucha alegría les ayudé. Después de eso, pregunté a la Hermana si necesitaba algo más y me dijo que había llegado una Hermana nueva al colegio a la cual le podría echar una mano, y con mucho gusto me presenté donde la Hermana que estaba recién llegada a Nicaragua para ayudarle en lo que pudiera. Doy gracias a Dios por haber puesto en mi camino a esta Hermana nueva, pues, el haberle conocido ha sido una bendición del Señor, ya que me ha ayudado mucho en mi vida personal y espiritual.
En el 2009, la primera Hermana con la que hablé, me invitó al grupo de Paz y Bien del Colegio, desde ese entonces he perseverado en este grupo, que también tengo que reconocer fue una bendición de Dios el haber pertenecido a este Movimiento.
En ese mismo año, la primera Hermana con la que hablé, me empezó a invitar a las convivencias vocacionales que hacen en el Colegio y también en Ticuantepe. A estas convivencias asisten varones y mujeres. Recuerdo que no me perdí ninguna, pues cada vez que asistía a una de ellas, se encendía más en mi corazón una inquietud por la vida religiosa hasta que hubo una, en el Colegio de Estelí, que completamente me sacudió, por decirlo así, me tocó de tal manera que al finalizar la convivencia le dije a las Hermanas y a las aspirantes que habían llegado de Ticuantepe, que yo quería ser religiosa y que quisiera comenzar el aspirantado. El lema de esta convivencia fue: “RELIGIOSA, SACERDOTE ¿POR QUÉ NO?”
A medida que asistía a estas convivencias comencé a hablar con la primera Hermana con la que hablé, acerca de la vocación. Cada vez más sentía que mi vida pertenecía al Señor, sólo a Él. "Señor ¿qué quieres de mí?" era mi continua oración, pues una Hermana me había dicho que sólo desde la oración podría escuchar la voz del Señor. Y verdaderamente, el Señor se valió de citas bíblicas, canciones, personas y sueños para hablar a mi corazón, eran señales que me llenaban de fuerza también, ante los miedos y dudas que me inundaban.
El 22 de septiembre del 2010 estando en clase (en ese año yo estaba cursando 4.º de Secundaria), la Hermana, me llamó a su despacho, y me dio la gran noticia que yo esperaba con inmensa ilusión: comenzar el proceso de Aspirantado. Esto es un tiempo marcado por tres etapas de formación personal y religiosa, un tiempo para discernir sobre la inquietud vocacional, y un tiempo para conocer mejor a la Congregación, a Madre Carmen y a San Francisco... En el Aspirantado estuve tres años, ya que comencé con quince y hasta los dieciocho no podía pedir la entrada al Postulantado, pues aún no tenía edad para salir fuera del país.
En el año 2011, me encontraba ya en el último año de Secundaria; desde ese año empecé a ir a Ticuantepe a participar de las Convivencias Vocacionales que allí realizaban las Hermanas, y también como ya en febrero de ese mismo año había pasado a la segunda etapa del Aspirantado, la Hermana me decía que si quería ir a pasar unos días con las Hermanas de Ticuantepe, ya que esa es la casa destinada a llevar la formación para las Aspirantes en Nicaragua. Yo con mucho miedo, pero con una alegría que inundó mi interior en ese momento, le dije que sí.
Recuerdo que al llegar a Ticuantepe, y ver que tenía que dormir fuera de mi casa y sentirme lejos de mi mamá, me entró mucha angustia y se me salían las lágrimas de los ojos, pero ese mismo día en la oración de la tarde le dije al Señor que si era su voluntad el que yo estuviera ahí que me diera fuerzas y me llenará de su paz, y al día siguiente así fue: me sentí como en casa, feliz.
En el 2012, habiendo acabado mi Bachillerato, me fui definitivamente a vivir con las Hermanas de Ticuantepe, fue una decisión muy difícil, ya que tenía que dejar a mi familia. Aunque sólo eran tres horas de distancia las que habían de Estelí a Ticuantepe, me costó mucho y a mi mamá también. Pero de vez en cuando iba a Estelí a ver a mi familia. Estando en Ticuantepe, también las Hermanas me dieron permiso para integrarme en uno de los equipos de fútbol femenino que había allí, ya que al frente del convento estaba la cancha donde jugaban.
En el 2013 seguí viviendo con las Hermanas de la comunidad de Ticuantepe y pasé a la tercera etapa del Aspirantado. En este año cumplí los 18 y ya tenía edad para viajar. Después de haber pedido la entrada al Postulantado a la Madre General y de haber recibido su respuesta, la Superiora de Ticuantepe comenzó a arreglar los papeles para pedir la VISA. El 5 de agosto de ese mismo año - día del titular de la comunidad de Ticuantepe, “Virgen de las Nieves” -, me la concedieron. El 23 de agosto viajé a España para ingresar al Postulantado. Sentí mucho dolor al tener que dejar a mi familia, pero el Señor, que es el que me pedía esto, me dio la fuerza para soportarlo, y en vez de sentir que les perdía, sentí que les ganaba más. Agradezco mucho al Señor, el apoyo que mi mamá me ha brindado en esta decisión que tomé.
Mi experiencia con las Hermanas en Ticuantepe ha dejado en mi corazón una huella imborrable, fue una gracia de Dios, fue un tiempo en que día a día mi vocación se iba afianzando, a pesar de las luchas y dificultades. El ejemplo de vida de las Hermanas me impulsaba a seguir adelante. Tuve también la oportunidad de conocer a muchas personas en los grupos de Paz y Bien que llevaban las Hermanas, en los grupos de la Iglesia, en las distintas comunidades que las Hermanas visitaban, etc.
Actualmente me encuentro finalizando el segundo año del noviciado y con la inmensa alegría de haber sido admitida a la Profesión. Ya pronto cumplo tres años de estar aquí.
Doy infinitas gracias a Dios, porque se ha fijado en mí, y a pesar de mis miserias y pecados, quiere que le siga por este camino de santidad, de entrega, de amor, en esta Congregación de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones. Me siento dichosa, pues ahora estoy en el mejor equipo, con el mejor “Entrenador”, y con deseos de anotar muchos “goles”, o sea, de ganar muchas almas para el Señor.
En el tiempo que llevo aquí de formación, me he dado cuenta de dos cosas: primero la misericordia que Dios ha tenido conmigo, y segundo, el DON que me ha hecho al darme esta vocación.
Tan sólo deseo corresponder a su Amor con amor. Soy consciente de cuan pobre es mi amor, pero yo se lo entrego al Señor cada día para que Él lo vaya transformando y purificando. He encontrado un gran Tesoro, he encontrado al Único que puede llenar mi corazón.
Con la Virgen Santísima, modelo de entrega a Dios, la compañera en mi caminar diario, exclamo: “He aquí la esclava del Señor”.
Mi experiencia con las Hermanas en Ticuantepe ha dejado en mi corazón una huella imborrable. Su ejemplo de vida me impulsaba a seguir adelante...
Doy infinitas gracias a Dios, porque se ha fijado en mí, y a pesar de mis miserias y pecados, quiere que le siga por este camino de santidad...